sábado, 15 de julio de 2017

AEROPUERTO DE MADRID

Poco airosa resultó mi salida de Madrid, aunque, probablemente, debería considerarla como digna de una película de los hermanos Marx.
No sé a cual de los hermanos puedo parecerme pero desde luego al que se considere el más bruto.
Acompañada como siempre de mi queridísima Eloina, debía bajar un empinado corredor mecánico (como el que hay en COSTCO pero más empinado y más largo) con el carrito que lleva las maletas para obtener la recuperación de impuestos de mis adquisiciones en las baratas del Corte Inglés. (Imposible de desaprovechar.)
Los carritos mencionados deben ser manipulados bajando la palanca con la que los guías y, si no lo haces, se paran en seco. Obviamente, en aquella pendiente se paran en seco con o sin palanca. 
Poco docta en estos avatares y siendo la "guía" del carrito en cuestión, después de haber leído cuidadosamente la señal -o así lo creía- el transporte mecánico se hacía cargo de que siguiera el camino parándose para mí en seco, esperando que, al llegar abajo, volviera a empujar la palanca hacia abajo para volver a conducirlo a su destino.
Aquello sonaba fácil y yo ya me sentía perfectamente capaz de realizar semejante empeño pero desgraciadamente no fue así. 
Al llegar a mi destino manifiesto, el carrito seguía parado pero yo no: ni yo ni las personas que me seguían, incluyendo a Eloina, seguíamos en movimiento, de manera que acabamos con un golpazo casi abajo del (xxx. . .) carrito con las maletas y una facha muy poco elegante en el suelo del aeropuerto con manos y pies fuera de lugar. No me rompí nada de milagro aún cuando para los observadores -muchos- debí parecer lista para el hospital y muy bruta.




De todo esto Eloina da testimonio en el siguiente cartón que creí indispensable compartir con ustedes.

viernes, 14 de julio de 2017

AUNQUE USTED NO LO CREA

Sí, aunque usted no lo crea hace un par de días me pasó algo insólito. Recuperé un objeto perdido muy importante para mí: MI COMPUTADORA.
Hace unos meses, mis amigas Eugenia, Irma y Jósele me llamaron para que me uniera en una vacación sin precedentes: pretendían que hiciéramos nada más ni nada menos que EL CAMINO DE SANTIAGO.
Mi primer impulso fue preguntarles si estaban locas. Yo no camino más de dos o tres cuadras si bien me va, aunque estoy consciente de que me hace falta el ejercicio, pero ¿El Camino de Santiago? Seguramente estaban mal de la cabeza.
Por evitar problemas les dije que encantada pero que yo iría en coche y las esperaría a lo largo del camino pisteando en los bares con "tintos de verano".
Creo que finalmente entraron en razón pues propusieron ir a España y posteriormente a los fiordos. 
Y ya que no iríamos a Compostela, les propuse ir a Extremadura, lugar que ninguna de ellas conocía y a mí me encanta. Se aprobó el proyecto y, el 10 de junio estábamos las 4 en el Salón Premier de Aeroméxico en el Aeropuerto Internacional -Benito Juárez- de la Ciudad de México. (Me guardo por ahora el adjetivo correspondiente.)
Sentaditas esperando la salida del vuelo, repasamos las posibles actividades a seguir en Madrid, donde llegaríamos primero y alguna sacó un anuncio sobre un festival de flamenco. Aprobada la sugerencia, se me ocurrió mandar un whatsapp a mi buena amiga Eloina para ver si podía reservar las entradas a lo cual contestó que yo debía hacerlo directamente y de inmediato pues esas entradas volaban igual que nosotras.
Ni corta ni perezosa -así decían en los cuentos- saqué mi computadora de mi maleta de mano pues ahí tenía un IPad y era más fácil. (Nótese que iba bien equipada pues no estaban los fiordos dentro de mis planes y pretendía trabajar un poco en un libro que preparamos mi amigo Alberto y yo.)
No hubo suerte: no pude sacar los boletos y habría que esperar la llegada a Madrid. Además ya había llegado el momento de subir a la nave que nos esperaba.
Así, metí el IPad en mi bolsa y ¡dejé olvidada la computadora en el Salón de Aeroméxico, cosa que no noté hasta que desempaqué en la casa de mis primos en Madrid.
¡HORROR!  Páginas y páginas escritas y no había siquiera tenido el cuidado de mandarlas a "la nube".
Dándola por perdida de antemano, mandé recados a Minerva -que siempre me ayuda con mis boletos- y a mi hijo Chucho. Crucé los dedos y pasé un par de días sin dormir. No había nada que hacer desde allí. 
Pasó el par de días y tanto Minerva como Chucho me informaron que el aparato se había encontrado y estaba en "Objetos Perdidos" del Aeropuerto donde debía rescatarlo personalmente con pasaporte y boleto en mano. 
Respiré hondo pero, hasta no ver no creer y yo estaba a un mes de la vuelta al hogar.
En fin, paseo encantador y muy caluroso por Extremadura -Cáceres, Trujillo, Mérida, Yuste, Guadalupe, etc.-. Lo pasamos muy bien (Jósele nos dio clases de cómo hacía para nunca cansarse y querer seguir caminando hasta el amanecer, o casi) y las amigas se fueron a embarcar al Queen Elizabeth con sus 11 pisos y 3,000 pasajeros. Las crónicas al respecto son dispares.

Yo, que pretendía irme a París, resulte sólo en Madrid, con amigas y familia, cosa que me gusta siempre. 
Llegó así el 10 de julio cuando debía regresar a "la ciudad de los palacios" y, después de un paso por el aeropuerto de Amsterdam porque me salía más barato, llegué a las 4:00 A.M. bastante pasada a perjudicar. Obviamente a esa hora la oficina de Objetos Perdidos estaba cerrada y debía volver tan pronto como fuera posible unas horas más tarde.
Así fue cómo volví al aeropuerto y. . . la primera noticia fue que ahí sólo guardan las cosas 10 días, pero que ahí la habían tenido. 
-¿Y después?, pregunté asustada. 
-Después los mandamos a . .  .cerca de aquí por la Aduana. 
Gracias a Paco dimos con el lugar y unos minutos después de presentar mi documentación vi llegar a un empleado con una funda negra como la mía. 
Debo de haber puesto una cara de desconcierto -o sería terror- porque el joven me dijo, ¿no es la suya? 
¡¡¡¡SI!!!! Exclamé con júbilo, y sigo sin volver de mi asombro. ¿Recuperar en México una computadora? Creo que es algo insólito y no puedo más que agradecer a Aeroméxico y su personal por este inusitado reencuentro.