viernes, 17 de octubre de 2014

LA FELICIDAD EN LAS CUERDAS DE UN CELLO



La semana pasada tuve la suerte de acudir al Museo de Antropología para escuchar un concierto con Yo Yo Ma con quien, para mayor felicidad, tocaría mi hermano Jaime. 
Lo que pude ver y sentir en la interpretación de Ma, en su rostro, sus movimientos, la forma de acariciar su cello (o chelo si se quiere) se reflejaba la felicidad, su felicidad . . .y de ahí la mía.
La velada no estuvo, ni mucho menos, carente de escollos y desencuentros. 
La cita era a las 7 de la noche y me fui temprano porque los boletos no estaban numerados. La verdad, en esta ocasión no me fue difícil cruzar la larga la explanada para entrar como en otra ocasión. Ya dentro del Museo, me di cuenta de que el concierto no sería en el auditorio sino fuera, cosa que me sorprendió: los conciertos son momentos íntimos entre tres: el intérprete, la música y el que lo escucha. El patio del paraguas es espectacular pero totalmente inapropiado para lo que habríamos de escuchar. 
En fin, me dije y con los ahí ya reunidos me formé en una seudo cola de aeropuerto preguntándome la razón de no entrar directamente. 
Así las cosas tardamos un rato en ocupar un asiento en el vericueto organizado para poder incluir un gran cubo con aparatos de sonido, video y supongo que teleprompter.  
Ya un poco preocupada por la hora y por poder guardar el asiento de mi acompañante (mi hijo) y como media hora más tarde, aquello parecía tener visos de movimiento. Luces multicolores y tres pantallas nos indicaban el nombre del productor de lo que más tarde se llamaría "el espectáculo", los patrocinadores, siendo el más importante Televisa, y espléndidas fotografías de las piezas más importantes que guarda el recinto. Por otro lado, extrañaba la música de fondo y el zumbido de audífonos que nos acompañó durante la velada que parecía más digna de Shakira o un antro que del gran personaje que escucharíamos. (No que Shakira no sea también un gran personaje.)
Aquello ya estaba lleno cuando se anunció la Primera Llamada, Primera.  Ya para la tercera estábamos un tanto nerviosos: ¿habrá pasado algo?, nos preguntábamos.  
Pronto pasó: la Orquesta Sinfónica de Minería ya sentada, la Directora del Patronato del Museo, el Presidente del mismo, la Secretaria de Turismo, la Directora del INHA y el Presidente de CONACULTA dirigieron sendos discursos bastante similares entre sí. Pero en esta temporada no podía faltar el consabido chubasco y el viento que lograron empapar a buena parte de los comensales. El paraguas rugía a destiempo.
Ya no nos quedaba más que reírnos.
A eso de las 9 de la noche, los asistentes a la gala conmemorativa de los 50 años del Museo Nacional de Antropología respiramos hondo: Carlos Miguel Prieto tomó la batuta y, al sonar las primeras notas del Adagio de la Sinfonía 49 de Haydn nos tranquilizamos. . . más o menos. Imposible sentirse a disgusto con Haydn. 
Luego de intermedio Shakiresco, fotos, luces y videos, salieron a escena los violonchelistas Yo-Yo Ma y Carlos Prieto seguidos de los guitarristas Jaime Márquez y Antonio López Palacios que interpretarían el estreno mundial de la Suite de Samuel Zyman para dos cellos y dos guitarras. Espléndida y difícil pieza la de Zyman que hizo brillar el virtuosismo de los intérpretes y aplaudieron fuertemente los presentes. El encanto de Prieto y la gran sonrisa de Yo Yo Ma levantándole los brazos al compositor Samuel Zyman iluminaban el gran patio sin necesidad de tanto reflector.
Con ello nos preparamos para el gran final: el Primer concierto para violonchelo y orquesta en do mayor de Haydn con Yo Yo Ma al cello y Carlos Miguel Prieto al mando de la Orquesta de Minería.
Pese a las pantallas, las luces y el zumbido que no se apartó de nosotros, la felicidad fue mía.

P.D. Como me será difícil verlo nuevamente en vivo y en directo, me propongo conseguir todo Yo Yo Ma en disco para oírlo en la tranquilidad del hogar.

1 comentario:

Martin Casillas dijo...

Hace años (en los 90's bajos) y como parte del Festival del Centro Histórico vimos por primera vez a Yo-Yo Ma fue en La Profesa (creo) y estábamos en primera fila. De pronto ya estaba llorando con lo que estaba viendo y oyendo de este cellista que logra, como dices, transmitir todo: pura felicidad.