sábado, 21 de agosto de 2010

SANTANDER EN EL VERANO

Para el seminario sobre la Revolución Mexicana que habríamos de llevar a cabo en Santander, llegamos anticipadamente para evitar el desfase de horario o jet lag.
Al ver el cartel de presentaciones en el auditorio abierto en los terrenos del Palacio de la Magdalena, comenté a Teresa Pellicer, nuestra hada madrina, que los ahí presentes -Guadalupe, Salvador, Hector y yo- debíamos conseguir boletos; al menos para Bosé y Sabina.
-Ni te preocupes, me contestó, los oirás desde tu cuarto y hasta las 3 de la mañana.
Como aquello empezaba a las diez de la noche, servidora lo tenía por seguro. Claro, ahora me arrepiento.
Gracias a Eloina que, siempre sabe todo, incluso lo que me falta, hoy estoy de vuelta en mi jardín de Yautepec con mi IPod escuchando a Sabina donde sufro con sus 19 días y 500 noche y me río con su primera mujer: una harpía pero, muchacho, el punto del gazpacho, joder, si lo tenía. . .
Como a todos, me dan las diez y las once, las doce, la una y las dos y las tres. . .

No hay comentarios: