lunes, 10 de agosto de 2009

LA SIERRA DE TERUEL

Max Aub en el rodaje de La Sierra de Teruel
No se puede andar por la vida como descendiente del exilio español con conocimientos tan someros o caseros como los míos. Es más, -o menos aún- estando inmersa en un estudio sobre este grupo demográfico, es imperdonable.
De ahí que llevo ya unos cuantos años asistiendo a cuanta conferencia, simposio, película, exposición o multimedia que se presente. ¿En busca de mis raíces? No tengo mucho que buscar, pues están muy presentes, pero admito que me falta mucha información sobre Guerra Civil y Segunda República de España.
Por suerte, la conmemoración de la llegada del Sinaia hace 70 años me ha permitido llenar muchos huecos. En días pasados tuve la oportunidad de ver el espectáculo España Peregrina la Sala Ollin Yoliztli y debo confesar que, salvo los intérpretes de las canciones de la Guerra Civil (Naty Lomas con Anwar Miranda a la guitarra) me resultó infame a pesar de los participantes y los textos seleccionados.
El sábado pasado, acudí a Cultisur con motivo de una Retrospectiva Fílmica con la que la UNAM, rinde homenaje a la aportación de los maestros españoles a nuestra casa de estudios.
Así, . . ."la Filmoteca de la UNAM presenta una amplia revisión de la guerra civil y del exilio que parte de las fuentes fílmicas: documentales y películas de ficción filmados durante la guerra, que también servirán de base a documentales realizados posteriormente, además de algunos largometrajes hechos durante el franquismo que lograron burlar la censura del régimen."
Tentadora fue la posibilidad de ver la película de André Malraux, La Sierra de Teruel o L'Espoir. Otro aliciente fue que, en la película, Max Aub, gran amigo de mi familia. trabaja con Malraux. Interesante, sin duda, esta película-documental o documental-película filmada entre 1937 y 1939, narra la misión de un manojo de pilotos, con tres o cuatro aviones de redilas a su disposición: han de enfrentarse a la aviación apadrinada por "el eje", en una España que habría de ser campo de pruebas para la Segunda Guerra Mundial.
Sólo un campesino sabe dónde se encuentran los aviones del ejército golpista y nunca se ha subido a un avión. Los republicanos deberán lanzar bombas sobre los aviones en tierra y luego volar el puente sobre el río.
Impresionante resulta la última escena: una interminable fila de dolientes muy bajitos sube la escarpada sierra para bajar cadáveres y heridos. Las mujeres, los niños y los ancianos los vitorean en silencio y con el puño en alto a su llegada.
Debe haber costado "cuatro cuartos" hacerla, me digo, recordando a mi abuela. . . . Y sangre, sudor y lágrimas.

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